Posts etiquetados ‘desaptados’

Si me ves bailando y cantando con nadie en particular es porque sigo el ritmo de la música.
Si lo estoy haciendo cerca a la barra es porque tengo una botella de vodka y mucho jugo de naranja por terminar.
Si me ves rodeada y sonriente entre 3 chicas y dos chicos, es porque son mi grupo, están conmigo.
Si te doy la espalda y no te miro es porque no te conosco y no reparé en ti (ergo no me interesas).

Entonces no entiendo por qué cuernos! se te ocurre pararte detrás mio y empezar a bailarme con toda la conchudez del mundo pavoneandote con tus amigos… next. gracias.

combi.jpg

Cambiando el peso emocional del primer post que me vi en necesidad de escribir básicamente porque tenía que sacarmelo del pecho. Paso al verdadero objetivo de este blog, compartir con los demás esas situaciones entre incómodas y humorísticas en las que de cuando en cuando nos vemos.

Así, este post está a manera de queja, queja contra los desubicados que te gilean en la calle. No, no me refiero a los obreros de construcción, ni a los que al verte venir te chequean de arriba abajo y que cuando ya pasaste giran la cabeza para ver si tienes algo de poto. Tampoco a los que hacen silbiditos y sueltan palabras del tipo: “mamasita”, “lindura”, “sirenita” y más. Hablo de los que en serio creen que cuando te ven por ahí te pueden parar y sacarte el número.

Esto vino a mi mente gracias a que ayer, luego de ser choteada, me junté con un grupo de amigos para que alzaran mi ánimo, y vaya que la compañía y un par de jarras de sangría mejoraron las cosas. Luego uno de ellos, me comentó su caso.

Resulta que se encontraba el feliz como siempre en su micro paseando por las atoradas avenidas de la ciudad cuando la vio. Una chica “ponedora”, con quien cruzaba miradas constantemente, él muy desenvuelto, se sentó a su lado y le metió el habla, ajaaaa y vaya que la chica estaba dispuesta pues terminó dándole su teléfono y su msn.
Y bueno, la cosa terminó en solo amistad según me comentó, la chica ponedora tenía 16 años!! y bueno mi amigo no es un treintón, pero tampoco está para escolares.

Su episodio me hizo recordar algunas situaciones que pasé gracias a esos chicos desenvueltos, la primera de la que tengo memoria y que resulta ser muy parecida a la historia de mi amigo me pasó, coincidentemente, a los 16 años.

Regresaba de la universidad a mi casa, toda una cachimba bien arregladita iniciando el ciclo, cuando un par de chicos playeros empezaron a mirarme, pronto empezaron a maletearse entre ellos para que yo me riera, luego poco a poco se las arreglaron para sentarse más cerca, finalmente uno de ellos terminó en medio del chofer y yo. Este chico desenvuelto (nro.1) logró que hasta el chofer se riera, y empezó a hablarme, de pronto la gente de toda la parte de adelante del micro, incluido el chofer, estaban a la espectativa de mi respuesta. Con tal presión solo atiné a responderle, pero muy cortante, intentando ser seria, lo cual era muy difícil, porque el chico era todo un comediante.
En resumen, sí, sí logró sacarme el número, y averguenza admitirlo, pero trato de excusar tal error con mi juventud e inexperiencia de entonces. Por suerte la cosa no pasó a mayores, ya en mi casa reflexioné, barajé multiples posibilidades, incluyendo la de que fuera un traficante de órganos que me quisiera como su próxima víctima (sí, siempre pienso en lo menos probable), y cuando me llamó para salir, no quise, me llamó de nuevo y tampoco atraqué, creo que entendió la indirecta porque nunca más me llamó.

Y así ha pasado varias veces, pero aprendí mi lección y no he vuelto a caer, aunque siempre hay alguien que te dice “amiga”, “amiga!! no me quieres dar tu número?” siempre reacciono igual, les doy mi mirada de desprecio al estilo del padre Maritín, y los ignoro luego.

Solo una última experiencia para cerrar el tema de los micros, que vale la pena mencionar porque me pareció bastante molesta entonces y bastante graciosa ahora.
Un día iba feliz a mi universidad (nótese que todo pasa camino a mi universidad, el recorrido es largo y siempre se presta a que alguien aproveche el tiempo para molestar), en mi bolso tenía un pin con mi nombre y estaba sentada sola en esos asientos unitarios al costado de la ventana cuando subió un par o un trío de chicos, creo que era un trío.

Uno (sujeto desenvuelto nro.2) se sentó detrás mío, y los demás un poco más atrás, luego empezaron los comentarios gileros, y la conversación entre ellos respecto a la chica linda de más adelante, conversación lo suficientemente alta como para que la chica la escuche y se sienta aludida, tal vez halagada? En ese momento tenía una mezcla de risa, rabia y orgullo, luego cuando empezaron a cantar canciones romanticonas con letras que se acomodaban a la situación y la gente del micro empezó a mirar hacia nosotros… las porciones de risa y orgullo disminuyeron, la de la rabia se incrementó. Me sentía el show del micro una vez más! quizás algún día me anime a hacer un unipersonal en el micro, creo que ya tengo suficiente experiencia siendo el centro de atención y diversión de los demás.

Fue el camino más largo de ese año, según recuerdo, y cuando ya estaba a un minuto de llegar a mi destino, los perspicaces muchachos se fijaron en mi pin, entonces supieron mi nombre (desde entonces ya no lo llevo nunca, creo que está perdido) que fue bien utilizado en sus declaraciones amorosas.
Finalmente y para cerrar con broche de oro, cuando me preparaba para bajar, uno de ellos empezó a cantar: No, no voy a verte más (8), conocida canción de Líbido, uno de mis grupos favoritos, qué lastima que mataran la canción de esa forma.

Pensé que ese era el fin de ellos, y que naturalmente nunca más los vería, pero un par de semanas después, cuando estaba en el micro con mi hermano, subió un duo de chicos a los que no presté mayor atención hasta que una chica en minifalda se subió. Luego los muchachos empezaron con su rutina de gileo humorístico, bastante similar a la que usaron conmigo, eran ellos.
Mi hermano se mataba de risa, y yo también, aunque en el fondo, cuando me di cuenta que tenían una rutina que utilizan con cualquiera! me sentí menos especial, jaja. No más halagos para mí.